Cambios vitales
Cambios vitales: cuando una etapa termina y todavía no sabes cómo vivir la siguiente
Cuando una etapa termina y todavía estás aprendiendo a vivir la siguiente.
Psicólogo General Sanitario · CM03738
Funciona CR Psicología
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Puede que sepas que algo tiene que cambiar.
Quizá incluso ya ha cambiado.
Has terminado una relación.
Una etapa de estudios.
Has cambiado de trabajo.
Te has mudado.
Has vuelto.
Has empezado a vivir con alguien.
O simplemente notas que la vida que tenías ya no encaja contigo.
Y, sin embargo, no sabes muy bien qué hacer ahora.
Te sientes perdido.
O triste.
O con ansiedad.
O simplemente extraño, como si tu vida hubiera seguido avanzando pero tú todavía no hubieras terminado de llegar.
Si te ocurre algo parecido, hay algo importante que quiero decirte:
No significa necesariamente que hayas tomado una mala decisión. Puede significar que todavía estás aprendiendo a vivir dentro de una situación nueva.
A veces el cambio comienza antes de que hayas cambiado nada
Puede que lleves meses pensando en dejar un trabajo. O terminar una relación.
O cambiar de estudios.
O mudarte.
Sabes que algo no encaja.
Pero todavía no das el paso.
Y eso también forma parte del cambio.
Porque no decidir puede producir cierto alivio.
Mientras no decides, todavía no tienes que enfrentarte completamente a las consecuencias.
No pierdes lo anterior.
Pero tampoco construyes lo nuevo.
Y poco a poco puede aparecer esa sensación:
“Estoy atrapado.”
El cambio se parece bastante a un viaje
Quiero utilizar una metáfora para explicarlo.
Cuando atraviesas un cambio vital:
tus valores pueden ser la dirección.
tu identidad y tus roles son compañeros de viaje. tus hábitos y rutinas son el vehículo.
tus objetivos pueden ser distintos destinos.
Y la incertidumbre forma parte del terreno.
Valores
Dirección
Identidad
Quién viaja
Roles
Compañeros
Hábitos
Vehículo
Objetivos
Destinos
Incertidumbre
Terreno
Puedes echar algo de menos y seguir sabiendo que necesitabas dejarlo
Cambiar implica ganar cosas.
Pero también puede implicar perder otras.
Puedes haber decidido terminar una relación y echar de menos a esa persona.
Puedes haber acabado una carrera deseando terminar y después echar de menos la rutina universitaria.
Puedes haber conseguido el trabajo que querías y echar de menos tu vida anterior.
Puedes haberte mudado voluntariamente y sentir nostalgia. A veces los cambios se viven en parte como un duelo.
Estás dejando algo atrás.
Y saber racionalmente que esa etapa tenía que terminar no elimina automáticamente la tristeza.
Echar de menos algo no significa necesariamente que tengas que volver.
También puedes pensar:
“Pero si era lo que yo quería, ¿por qué estoy triste?”
Porque:
bueno y fácil no significan lo mismo.
Un cambio puede acercarte a una vida que encaja más contigo y, al mismo tiempo, obligarte a despedirte de lugares, rutinas, personas o versiones anteriores de ti.
No necesitas elegir entre:
“He tomado la decisión correcta.”
y:
“Esto me duele.”
Ambas cosas pueden ser ciertas.
Quizá lo que más te asusta es no saber qué viene después
No sabes qué trabajo encontrarás.
No sabes si volverás a enamorarte.
No sabes si has elegido bien.
No sabes cómo será tu vida dentro de dos años.
Y quizá incluso aparece una pregunta mucho más profunda:
“¿Y ahora quién soy?”
La incertidumbre es difícil porque nuestro organismo intenta anticipar lo que ocurre para poder prepararse.
Cuando faltan datos, intentamos rellenar los huecos. Y si estás cansado, triste o asustado, esos huecos pueden llenarse con pensamientos como:
“No voy a encontrar nada.”
“Me he equivocado.”
“Todo el mundo avanza menos yo.”
“Ya debería tenerlo claro.”
Pero:
No tener todavía una respuesta no significa que la respuesta vaya a ser mala.
No necesitas ver toda la carretera para poder avanzar unos metros.
Puede que tu identidad también esté cambiando
Durante años puedes haber sido:
“el estudiante”.
“la pareja de”.
“el trabajador de esa empresa”.
“la persona que vive en aquella ciudad”.
Una etapa termina y una de esas referencias desaparece.
Entonces puede aparecer:
“No me encuentro.”
No significa necesariamente que hayas perdido tu identidad.
Puede significar que la estás reorganizando. Te conoces pensando.
Pero también te conoces actuando.
Probando cosas.
Relacionándote.
Tomando decisiones.
Descubriendo qué sigues valorando.
Descartando cosas que ya no encajan.
El autoconocimiento no siempre aparece antes del cambio. Muchas veces también es una consecuencia de atravesarlo.
No necesitas conocer todavía el destino exacto
A veces intentamos resolver la incertidumbre obligándonos a responder:
“¿Qué quiero hacer con mi vida?”
como si tuviera que existir una respuesta definitiva.
Pero quizá todavía no la sabes.
Y puede que no necesites saberla.
Puedes empezar por identificar una dirección.
Por ejemplo:
“Quiero una vida con más relaciones.”
Aunque todavía no sepas quiénes serán esas personas.
“Quiero un trabajo más coherente conmigo.”
Aunque no sepas cuál.
“Quiero recuperar actividades que me hacían sentir bien.”
Aunque todavía estés empezando.
La dirección puede estar clara antes que el destino.
No todos los cambios tienen que ser gigantes
Existe una narrativa bastante extendida:
“Sal de tu zona de confort.”
“Atrévete.”
“Cambia de vida.”
Pero no todas las personas valoran las mismas cosas.
Para alguien, cambiar puede significar dejarlo todo e irse a vivir a Tailandia.
Para ti, un cambio enorme puede ser empezar a ampliar tu vida social después de años de aislamiento.
Mandar un currículum.
Empezar una actividad.
Vivir solo.
Volver a estudiar.
Aprender a decir que no.
Un cambio no es más valioso porque sea más grande. Importa si te acerca a la vida que quieres construir.
El retrovisor: mirar atrás sin dejar de conducir
Cuando iba a la autoescuela, un profesor solía decirnos algo que recuerdo todavía.
Si durante el examen cometíamos un error, teníamos que seguir conduciendo.
Porque si te quedabas pensando en el fallo anterior, era más probable que cometieras el siguiente.
Siempre me ha parecido una buena metáfora.
Aunque hay una diferencia importante:
la vida no es un examen de conducir. Tienes tiempo para mirar atrás.
Puedes pensar en lo que ocurrió.
Puedes preguntarte qué habrías hecho de otra manera.
Puedes aprender.
Puedes echar algo de menos.
Tu pasado te pertenece.
No tienes que borrarlo para avanzar.
Pero mirar atrás puede convertirse en un problema si empiezas a utilizarlo para castigarte continuamente o para impedirte actuar en el presente.
GRAN
El retrovisor sirve para mirar. No para conducir permanentemente mirando hacia atrás.
Puedes llevar tu historia contigo sin dejar que conduzca por ti.
“Tienes que pasar página”
Quizá alguien te lo ha dicho.
“Tienes que pasar página.”
“Ya deberías haberlo superado.”
“Los cambios siempre son buenos.”
“Tienes que seguir adelante.”
Estas frases pueden tener buena intención. Pero también pueden hacerte sentir que estás viviendo mal tu propio proceso.
El cambio no debería convertirse en una orden externa.
Desde fuera puede parecer evidente que deberías abandonar un trabajo.
Terminar una relación.
Mudarte.
Aceptar una oportunidad.
Pero eres tú quien tendrá que vivir las consecuencias de esa decisión.
Escuchar a las personas que quieres puede darte información.
Pero una decisión importante necesita acabar siendo tuya.
Que otros tengan clara tu decisión no significa que tú estés preparado para tomarla.
Conocerte no sirve de mucho si nunca decides
Puedes saber perfectamente lo que te gusta.
Lo que valoras.
Lo que quieres evitar.
Y aun así quedarte paralizado.
Por eso, el autoconocimiento necesita ir acompañado de entrenamiento en toma de decisiones.
Decidir implica:
comparar alternativas; aceptar renuncias; asumir cierta incertidumbre; actuar sin conocer exactamente el resultado.
Esperar a estar cien por cien seguro también es una decisión.
Una historia sobre atravesar lo desconocido
En El viaje de Chihiro, Chihiro entra en un mundo que no comprende.
No conoce las reglas.
Pierde muchas de sus referencias.
Tiene miedo.
Asume nuevos roles.
Y necesita aprender mientras avanza.
Hay algo especialmente interesante:
Chihiro no descubre quién es antes de empezar el viaje.
Lo va descubriendo mientras lo atraviesa.
Y quizá a ti pueda ocurrirte algo parecido.
No necesitas tener completamente definida tu nueva versión antes de empezar a vivirla.
No siempre descubres quién eres antes de empezar el viaje. A veces lo descubres mientras avanzas.

Cuando un cambio te está desbordando
Hay emociones que forman parte de atravesar una etapa. Tristeza.
Incertidumbre.
Nostalgia.
Miedo.
Eso no significa necesariamente que algo vaya mal.
Las emociones que llamamos negativas también forman parte de la vida.
El problema aparece cuando ese malestar empieza a condicionar de forma importante tu camino.
Por ejemplo:
dejas de hacer actividades; te aíslas; no consigues tomar decisiones durante largos periodos; la ansiedad es muy intensa; tu estado de ánimo interfiere claramente con tu día a día; sientes que sigues atrapado en la misma etapa.
En ese momento puede ser útil buscar ayuda.
- Lo que llevo
- Lo que dejo
- El siguiente paso
Cómo lo trabajo en consulta
No intentaría decidir por ti.
Y tampoco buscaríamos una respuesta rápida a:
“¿Qué tengo que hacer con mi vida?”
Primero estudiaríamos:
qué estaba ocurriendo antes del cambio;
qué ocurrió durante el cambio;
y qué está ocurriendo ahora.
Después podemos trabajar:
valores; identidad; roles; hábitos; incertidumbre; toma de decisiones; actividades reforzantes; evitación; objetivos; experimentación; autoconocimiento.
Pero un autoconocimiento práctico.
No únicamente:
“piensa quién eres.”
Sino observar qué haces, qué eliges, qué disfrutas, qué evitas, qué decisiones repites y qué ocurre cuando pruebas caminos diferentes.
No se trata de diseñar tu vida por ti, sino de ayudarte a construir mejores herramientas para decidir cómo quieres vivirla.
Quizá ahora mismo no tengas el mapa completo.
Quizá estás mirando demasiado por el retrovisor.
Quizá tu vehículo necesita nuevas rutinas.
O quizá simplemente estás aprendiendo a moverte en un lugar que todavía no conoces.
No necesitas saber hoy dónde estarás dentro de cinco años.
Puedes empezar con preguntas más pequeñas:
¿Qué dirección quiero seguir?
¿Qué quiero llevar conmigo?
¿Qué necesito dejar atrás?
¿Cuál es el siguiente paso que puedo dar?
Puede que tengas que empezar a caminar para descubrir algunas de las respuestas.
Cada paso cuenta.
Si el cambio está relacionado con tu vida profesional, puedes leer también sobre estrés en el trabajo.
Si te exiges tener “tu vida resuelta”, quizá encuentres puntos en común en perfeccionismo, procrastinación y bloqueo.
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Si algo de lo que has leído se parece a lo que estás viviendo, podemos empezar por entender qué está ocurriendo en tu caso.
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